El Mercurio, en su Edición Especial del día 13 de septiembre, publicó el artículo “Viña palaciega”, que aborda el origen, desarrollo y conservación de la arquitectura palaciega de Viña del Mar, destacando cómo estas grandes residencias contribuyeron a definir la identidad urbana de la Ciudad Jardín. En este contexto, el medio entrevista a Tatiana Jiménez, arquitecta e historiadora y profesora de nuestro Departamento en Casa Central, quien explica las condiciones que permitieron el desarrollo de esta arquitectura y analiza los desafíos de su conservación.
Esta arquitectura palaciega se remonta a la segunda mitad del siglo XIX, cuando Viña del Mar dejó de pertenecer a Valparaíso y comenzó a proyectarse como un lugar de descanso y balneario para las élites. Este proceso se intensificó después del terremoto e incendio de Valparaíso de 1906, que impulsó a numerosas familias acomodadas a trasladarse hacia Viña del Mar. Jiménez destaca que tuvo desde sus inicios una planificación distinta a la de Valparaíso y que, a comienzos del siglo XX, las élites comenzaron a encargar sus segundas viviendas a arquitectos reconocidos.
En este contexto surgió un singular conjunto de palacios y castillos, entre ellos los palacios Vergara, Rioja, Carrasco, Valle y Ariztía, además de los castillos Wulff, Ross y Brunet y el Palacio Presidencial de Cerro Castillo. Estas edificaciones, construidas con diversos estilos arquitectónicos, conformaron un paisaje residencial único y muchas de ellas permanecen en pie hasta hoy.
La profesora también aborda la restauración de estos inmuebles en un país sísmico. Destaca el caso del Palacio Rioja, que sufrió daños en los terremotos de 1985 y 2010 y fue reinaugurado en 2016. Para Jiménez, su actual uso como museo, centro cultural, cafetería y parque demuestra que el patrimonio puede adaptarse a las necesidades de la comunidad sin quedar convertido en una pieza estática.
Finalmente, la profesora advierte sobre la pérdida del antiguo tejido residencial de chalets y quintas producto de las transformaciones urbanas y la presión inmobiliaria. Plantea aprovechar los jardines que aún rodean los palacios para crear espacios públicos y microparques, recuperando así parte de la vocación de “ciudad jardín”.
Lee el artículo original en el siguiente enlace.