Marzo 23, 2026
Intentaremos aquí separar las soluciones de vivienda para emergencias catastróficas, de lo que se conoce como déficit habitacional, vale decir, la necesidad de nuevas viviendas que son necesarias para cubrir necesidades de familias allegadas, campamentos y nuevas familias, entre otras. Este se estima al año 2026 como unas 650.000 soluciones nuevas (Minvu, plan nacional de emergencia habitacional 2022-2026) y alrededor de 1.200.000 viviendas que requieren un mejoramiento.
Este déficit acumulado históricamente, ha sido enfrentado y seguirá siendo enfrentado por los gobiernos que asumen cada cuatro años. Cosa que nunca se cumple, puesto que el déficit sigue acumulando casos, matemáticamente debiesen entregarse 445 viviendas cada día en los 4 años de un gobierno para cubrir el déficit recibido. Incluso ahora que la natalidad en Chile va a la baja, una de las más bajas del planeta y no estamos cubriendo el régimen de reemplazo[1],
Por otra parte, el asunto de las catástrofes no es predecible, no tenemos dominio alguno sobre cuando erupciona un volcán, con sus lahares, o hay un terremoto, con su respectivo tsunami, un tornado, una lluvia intensa, un aluvión, una salida de río, un huracán. Eso por el lado de las catástrofes naturales. También por el lado humano han ocurrido y seguirán ocurriendo catástrofes que afectan a cientos y hasta miles de viviendas como lo es el caso de los incendios intensionales que arrasan bosques, campos y viviendas. El último mega incendio en la región de Valparaíso dejó un saldo de 7371 viviendas totalmente destruidas, con sus enseres. Más de 7 mil viviendas en un solo día y al menos 21.000 personas sin techo, con 137 muertes y 1200 heridos.
Lo importante es comprender que han sido, por ejemplo, 7371 familias que quedan sin techo de un día para otro y para esa emergencia no necesitan una espera de tres, cuatro meses o hasta un año. Eso es lo que diferencia estos casos de emergencia del déficit acumulado: La necesidad inmediata de cobijo.
La mayoría de las veces la familia queda con el terreno, los cimientos y los escombros, muchas veces con los accesos de agua y electricidad recuperables, otros quedan con nada, otros son arrendatarios etc. Cada caso es diferente y por lo tanto no aplicaría ni un procedimiento ni un diseño igual para todos. Aquí se requiere una sistema de planificación, asistencia financiera y organización que se aplique en un plazo de días, meses o años.
Al día o las horas siguientes a la catástrofe, la familia o parte de ella, que suele quedarse en el terreno por temor a perder opciones o bienes supervivientes, en otros casos, se avocan a una reconstrucción o levantamiento de un mejora precaria para guardar lo rescatado y dar cobijo a quienes se quedan en el lugar.
He aquí el asunto principal de este artículo, recuperar el hábitat destrozado requiere etapas diferentes en el tiempo. La experiencia en terreno del autor, dirigiendo un programa CETAL de reconstrucción con Vicaría de la Solidaridad por terremoto en San Antonio en 1985, luego en programas de autoconstrucción en Reñaca Alto en los años 90 y los incendios en Valparaíso, dejaron los siguientes aprendizajes: las primera horas, días y noches luego del desastre, los habitantes requieren de inmediato un cobijo de emergencia, algo mejor que una carpa. Elementos que los municipios o los sistemas de emergencia regionales debiesen desde ya disponer en sus bodegas, con sistemas de traslado, despliegue y reparto eficiente. Un cobijo, es para nada una casa, ojalá propiedad estatal o municipal, que pueda ser retirado en lo posible sin daños, cuando pase el tiempo de reconstrucción de soluciones más definitivas.
El cobijo de emergencia
El territorio post catástrofe suele convertirse en una zona extrema, tanto en la geografía, el clima como en la carencia de servicios básicos, puede no haber agua, energía eléctrica, sistemas sanitarios, presencia de humo, escombros, incluso malas condiciones climáticas, frio, lluvia, exceso de sol. El territorio suele así transformarse en una Zona Extrema.
El cobijo de emergencia, ya lo hemos dicho, debiese ser mejor que una carpa y estar disponible en cientos o miles de unidades. He aquí un desafío creativo real para las escuelas de arquitectura y diseño, Lograr un cobijo familiar de emergencia de despliegue rápido, que proteja de las inclemencias exteriores, que sea almacenable, de fácil comprensión, que de modo individual o comunitario tenga acceso a sanitarios de emergencia, agua de bebida, energía y comunicaciones.
Un cobijo de este tipo no busca la comodidad o el confort de una vivienda, busca salvar de la intemperie personas de modo rápido y eficiente, el dormir de emergencia de hasta 4 personas, por ejemplo, 2 adultos y dos niños en uno o tres niveles (litera).
Este tipo de cobijo, que no es una casa ni es una carpa, debiese acompañar a quienes se quedan en el lugar por al menos una semana y hasta un mes. Puede se parte de una instalación de faenas, pero no pertenece a la familia, debiese volver a las bodegas de emergencia del municipio, gobierno regional o entidad de apoyo.
La Reconstrucción, políticas erradas
La historia, repetida muchas veces post catástrofes en Chile, muestra un sistema estatal que busca la producción lo más rápido posible, industrial, de soluciones para los distintos casos de viviendas necesarias, dependiendo de clima, territorios y familias. Como sea que lo intente, los tiempos de espera pueden ser de meses. Lo que no toma en cuenta este tipo de enfoque, es que en el menor tiempo posible la familia inicia un proceso de autoconstrucción ya sea con o sin asistencia.
En Viña del Mar, luego del gran incendio, se pudo ver a simple vista como ya a las dos semanas del desastre en las tomas se iniciaban las primeras auto-construcciones, a los tres meses todos los terrenos mostraban una vivienda a la medida de cada familia ya levantada, sin ninguna ayuda estatal y muchas veces sin la asistencia técnica adecuada. Todo esto en terrenos abruptos de quebradas muy difíciles. En el caso de viviendas en toma, resulta que existe la capacidad y experiencia en construcción de las familias, además solidarias entre si.
Aparecieron rápidamente decenas de viviendas sobre pilares metálicos bastante audaces y delgados, con un ordenamiento de calles funcionales y no reguladas, electricidad en postaciones propias y agua por tendidos comunitarios, sanitarios de fosa. Todo esto sin un arquitecto o constructor formalmente a la vista. Mientras tanto, no llegaban soluciones estatales. No olvidar que la demanda local era de 7000 soluciones. Una pregunta fundamental es ¿de donde salió el dinero tan rápido y sin bancos a la vista?. Las familias no tenían ahorros, sólo mano de obra, necesidad imperiosa y redes informales, donde donaciones privadas, apoyos posibles del narco, y sobre todo trabajo solidario de AUTOCONSTRUCCIÓN fueron mucho más rápidas y efectivas. Dado que el incendio fue entre el 5 y el 7 de febrero de 2024 y DOS AÑOS después, aun no se completan las soluciones estatales, pero si han proliferado las de Autoconstrucción.
En este caso incendio afectó a barrios consolidados como en El Olivar y también a una mayoría de campamentos y tomas de terrenos fiscales. Una conclusión posible de este artículo, es la necesidad de una respuesta institucional rápida en la hora y día de la catástrofe, que debiese estar preparada y almacenada, en este caso los cobijos de emergencia y la segunda conclusión, tomada de la realidad, es que la mayor parte del esfuerzo de reconstrucción debiese basarse en el apoyo a la Auto-construcción solidaria, vale decir recursos financieros y materiales, sobre todo apoyo técnico en diseño, estructura, acondicionamiento térmico y organización de quienes reconstruirán de primera mano, la población y las familias afectadas.
Msc. Ing. Pedro Serrano Rodríguez
Director Unidad de Arquitectura Extrema USM
Académico Arquitectura USM
Director Unidad de Arquitectura Extrema USM
Miembro Foro de Altos Estudios Sociales de Valparaíso
Fellow de ASHOKA
Presidente Consejo Directivo TERRAM
[1] IA, La tasa de natalidad en Chile ha alcanzado mínimos históricos, situándose en una de las más bajas del mundo, con 1,03 a 1,16 hijos por mujer en 2024-2025, muy por debajo de los 2,1 necesarios para el reemplazo generacional. Esta caída sostenida, con una disminución del 29% en los nacimientos entre 2013 y 2023, provoca un envejecimiento poblacional y un crecimiento negativo. (hacienda.cl)
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